DINO VALLS
Extractos de Textos

Edward Lucie-Smith

(Historiador de Arte, crítico y escritor)

(…) Valls es, en cuanto a talento, tan dotado como Dalí. En cuanto a lo que tiene que decir sobre el mundo en que vivimos, es un artista mucho más profundo y serio.

Del texto “Dino Valls - Psicostasia”, para el catálogo de la exposición

“Psicostasia”, Galleria Il Polittico, Roma, mayo 2006.

(...) Las obras de Valls están hechas para perdurar. (...)

Aún hay más maneras de mirar al arte, y una en particular debe ser aplicada al tipo de obra que produce Dino Valls. Su manera de aplicar la técnica, minuciosamente organizada, es lo opuesto de la espontaneidad. De hecho, lo primero que se nos ocurre al intentar describir su arte es que Valls es, en el sentido más estricto, un pintor conceptual. El elemento conceptual de su obra resalta más cuando añadimos que las figuras que emplea en sus obras son puras invenciones, ni siquiera modelos tomados de la vida real.

(...) es el representante español de un tipo de arte nuevo e intrigante que está comenzando a desafiar muchas de las respetadas presunciones del Arte Moderno del siglo XX y las nociones sobre qué es y qué no es vanguardia. (...)

En las pinturas de Valls, es la psicología de la escena la que es protagonista. Sus figuras, nunca inspiradas en la vida real como he mencionado antes, son esencialmente como urnas que encierran los eventos emocionales, en las cuales podemos examinar su contenido a través de un cristal transparente.

Sus figuras ahora nos desafían en su propia identidad. Lo que representan es algo que no tiene por qué luchar por ser moderno o contemporáneo tal y como se entienden estos términos hoy en día. No son imágenes reconfortantes. No se asemejan al cómodo sillón al cual, según Matisse, todos los buenos cuadros debían parecerse. Estas obras impresionan por su destreza técnica y la delicada poesía que evocan. A su vez, lo que llama la atención es la precisión con la que recoge el espíritu incierto de nuestros tiempos. No sólo la precisión hace que estas obras sean memorables, sino que la sofisticación intelectual que las concibe logra que el mensaje sea comunicado con más fuerza y nitidez. En unos tiempos en los que hemos olvidado casi por completo lo que es una buena pintura, en Valls encontramos la obra de un artista que es plenamente conocedor de sus poderes.

Del ensayo “La pintura de Dino Valls” para monografía “Dino Valls - Ex picturis”,

Mira Editores, Zaragoza, 2001.

(...) Un artista español que elige subtextos eróticos es Dino Valls (n. 1959). (Su obra) demuestra su extraordinario nivel de talento pictórico y la forma en que hace uso de los arquetipos clásicos al mismo tiempo que los contradice o subvierte. (...)

De Art Tomorrow, Ed. Pierre Terrail, Paris, 2002.

Fernando Castro Flórez

(Profesor de Estética y Teoría de las Artes de la Universidad Autónoma de Madrid, crítico de arte y comisario de exposiciones)

(...) Podríamos entender toda la estética de Valls como una especie de especulación sobre la condición del sujeto contemporáneo. Sus cuadros son espejos donde queda sedimentada la ansiedad y el proceso doloroso de desdoblamiento de la personalidad. El monstruo más oscuro está, en realidad, en nuestro interior. Los cuerpos más bellos e incluso “angelicales” están heridos y, desde el especio de la representación, nos interpelan. Imágenes en apóstrofe en las que los rostros imponen la dimensión abismal o, mejor, medusea de la mirada. No podemos escapar de la mirada consternada o perturbada de las figuras que pinta Dino Valls, esos ojos están en el borde de algo que no comprendemos, como si esperaran algo que nosotros no podemos hacer. Sus símbolos alegorizan el inconsciente, nombrar tangencialmente las pulsiones, aluden a procesos de transformación, retoman un pensamiento que va más allá de la reticulación ejercida por lo racional. (...)

(...) los expertos suelen deleitarse con su técnica y, especialmente, con lo que califica como “pincelada inmaculada”, a lo que el artista replica que es justamente al contrario: “Mi pintura sirve para aportar oscuridad, inquietud, tormento. Lo que hago como artista es ahondar en la parte más oscura y más desconocida del ser humano. Mi pintura vendría a ser una manera de manchar lo blanco”. Lo que quiere es penetrar en una zona oscura, representar lo inquietante (en el sentido freudiano aquello familiar que ha devenido extraño por causa de la represión) y, en última instancia, reflejar el inconsciente. Esta pintura atravesada por la angustia es tiene paradójicamente una belleza extremada. Los conflictos de la existencia no están literalizados ni se recurre a la retórica propia de la “cultura de la queja” sino que se alegoriza nuestra condición penosa pero, al mismo tiempo, surge una suerte de inmensa potencia de lo simbólico como si el arte todavía tuviera la capacidad de ofrecer redención o por lo menos de custodiar una antigua “promesa de felicidad”. La imaginación activa, por emplear términos de Jung, desplegada por Dino Valls nos ofrece un impresionante y múltiple (auto)retrato en el que el presente se abisma tanto en la tradición cuanto se proyecta hasta lo fantástico, la irrealidad de lo visto entra en fricción con la presencia enigmática de miradas que parecen tener más vida que todas aquellas con las que nos cruzamos cotidianamente. Una disección del inconsciente por medio de cuerpos desnudos, esto es, de pieles que tal vez sean lo más profundo, una figuración que (nos) transforma y atrapa en una oscilación de lo mitológico a lo onírico. Tiene muchísima razón Dino Valls cuando afirma que “una obra de arte pesa tanto como el volumen de inconsciente que desaloja”.

Del ensayo “El peso del Inconsciente. Una aproximación al simbolismo transformador

de Dino Valls”, para el catálogo de la exposición retrospectiva “Dino Valls”,

Frissiras Museum, Atenas, noviembre 2011.

Catherine Coleman

(Conservadora del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid)

(...) El elemento con mayor presencia en la obra de Valls y que le otorga un carácter tan personal, como probaremos en este ensayo, es la manipulación del concepto del tiempo, tanto histórico como ficticio. (...)

El suyo es un arte de atelier, de interior, conceptual, y no de plein air: no es fruto de la observación directa. Es un arte producto de la memoria y de la imaginación. (...)

Dino Valls no retrata el momento único e instantáneo del mundo exterior. Al contrario, lo presenta como algo idealizado y estable para contrastarlo con el mundo interior cambiante; los interiores y escenarios ingeniados, el attrezzo de sus obras, sirven de fondo a la dimensión espiritual interior. Existe una evolución paulatina desde el escenario repleto de motivos hacia una desnudez, una desprovisión de elementos del fondo. El artista manipula estos escenarios como contenedores que reflejan el estado psíquico interior. (...)

Las composiciones y retratos elaborados por Valls son completamente conceptuales, y no están basados en la fotografía, una práctica habitual hoy en día. (...)

El artista, licenciado en Medicina, aplica el estudio científico de la anatomía para realizar un detallado escrutinio del cuerpo humano. (...)

En conclusión, Dino Valls prosigue con su análisis del contenido moderno y postmoderno a través de la figuración, empleando técnicas de la pintura flamenca e italiana al óleo. Valls investiga meticulosamente los procedimientos, y posteriormente los personaliza; una práctica poco habitual en el pintor de hoy. Normalmente, dibuja pequeños bocetos preparatorios, para después transferir su idea a la pintura, sobre un soporte de madera o lienzo. Usa capas de temple antes de aplicar el óleo transparente que intensifica el color de la témpera subyacente. Su propósito es mantener la luz que viene reflejada desde las capas previas más claras del temple. En palabras del pintor, su labor artística, tanto técnica como conceptual, consiste en aportar oscuridad. Sus cuadros no explican, sino que apelan a lo más oscuro o desconocido del ser humano. “Obscurum per obscurius, ignotum per ignotius”, (antiguo lema alquímico).

Del ensayo “Evolución y cambio...” para monografía “Dino Valls - Ex picturis”,

Mira Editores, Zaragoza, 2001.

Christina Sotiropoulou

(Conservadora Jefe del Frissiras Museum, Atenas)

El espectador que se enfrente por primera vez a una obra de Dino Valls vivirá una experiencia única que no se limita a un placer estético, algo previsible en una obra de arte, sino que además logra sobrepasar por completo lo que hasta entonces se percibía como realidad.

En esencia, la pintura de Dino Valls supone una forma alternativa de visualizar, una interpretación distinta de los objetos y las situaciones que suelen ser implícitas o darse por sentado. El espectador tiene la impresión de que la superficie pictórica que se encuentra ante él se desarrolla en un universo paralelo que le absorbe e integra de inmediato, trastornando la dimensión de espacio y tiempo que hasta entonces consideraba familiar. No obstante, nada es lo que parece en el mundo de Dino Valls, y nuestros sentidos pasan de ser un instrumento de percepción y entendimiento exhaustivo del mundo que nos rodea, a una herramienta que lo reinventa y lo reinterpreta.

(...) Rebosante de una fuerza metafísica y una precisión expresiva, su pintura ha conseguido actualizar conceptos y características que desde hace tiempo parecían haber sido desplazados del vocabulario de los movimientos pictóricos contemporáneos, los cuales pretendieron renunciar definitivamente a la pintura figurativa y con ella, a cualquier conexión con el pasado.

En el contexto del postmodernismo y del ámbito más amplio que dicho movimiento ha fundamentado para la realidad figurativa actual, Dino Valls presenta una propuesta que destaca por su potencia intelectual y su maestría plástica. Reinventa el realismo destrozando completamente el propio concepto de realidad y desvelando la subjetividad de sus pedazos. El tiempo deja ya de ser lineal y la narración pasa a ser interna y codificada. (...)

Del texto “El Enigma de lo Metafísico” para el catálogo de la exposición

retrospectiva “Dino Valls”, Frissiras Museum, Atenas, noviembre 2011.

Carlo Fabrizio Carli

(Crítico de arte y comisario de exposiciones)

Suscitar el asombro, capturar la atención a través del estupor, siempre ha sido una característica esencial del trabajo artístico. Y esto es, tanto en lo relativo al observador exterior como al propio artista, hecho éste a menudo pasado por alto - incluso prescindiendo de la perspectiva de un automatismo compositivo- con resultados que van más allá y/o modifican el proyecto inicial de la obra, en cuanto que el acto estético es eminentemente mágico, chamánico incluso, y misterioso. Se debe reconocer, sin embargo, que actualmente no es frecuente encontrarse con tal elemental fascinación, con este originario placer de la pintura. Ciertamente no es éste el riesgo que corremos con el pintor español Dino Valls (...). Valls es un artista que en ningún modo deja indiferente: fascina e incluso se rechaza; inquieta y quizás hiere. Pero es imposible que sus pinturas susciten un sentimiento de habituación. (...) Valls, en resumen, es un pintor de un virtuosismo sorprendente, que durante un periodo de veinte años, se ha aplicado a estudiar con detenimiento las técnicas, iconografía y la iconología de 600 años de arte occidental; un pintor obsesivamente empeñado en alcanzar la perfección, tanto en la técnica (su preferida -aunque no exclusiva- es el sofisticado temple de huevo sobre tabla, con veladuras de pintura al óleo), como en la resolución de la imagen. (...) Valls no es en absoluto un pintor realista, en todo caso, todo lo contrario. Un Arte el suyo, imaginativo y mental, metamórfico, a menudo visionario, siempre separado de la comparación directa con la naturaleza, y que se nutre de la historia del arte. También es posible plantear la hipótesis de un valor conceptual (...)

Suscitare meraviglia, catturare l'attenzione mediante lo stupore, è, da sempre, proprietà essenziale del fare arte. E questo, tanto per quanto riguarda l'osservatore esterno che lo stesso artista, quest'ultimo posto spesso di fronte - anche a prescindere da prospettive di automatismo compositivo - ad esiti che trascendono e/o modificano l'iniziale progetto dell'opera, in quanto l'atto estetico è eminentemente magico, perfino sciamanico, e misterioso. Occorre tuttavia ammettere che attualmente non riesce certo frequente imbattersi in tale elementare fascinazione, in questo originario piacere della pittura. Non è davvero il rischio che si corre con il pittore spagnolo Dino Valls (...). Valls non è certo artista da lasciare indifferenti: affascina e poi magari respinge; inquieta e forse ferisce. Ma è impossibile che i suoi quadri suscitino un sentimento di assuefazione. (...) Valls, va detto subito, è pittore provvisto di un virtuosismo sorprendente; che, durante un ventennio, si è applicato a studiare meticolosamente le tecniche, l’iconografia e l’iconologia di 600 anni di arte occidentale; un pittore ossessivamente intento al conseguimento della perfezione, sia nella tecnica (quella preferita -ma non l’esclusiva- è la sofisticata tempera all’uovo su tavola, con velature di pittura ad olio), che nella risoluzione dell’immagine. (...) Valls non è affatto un pittore realista, semmai proprio il contrario. Arte, la sua, immaginativa e mentale, metamorfica, non di rado visionaria, sempre distaccata dal riscontro diretto con la natura, e tutta nutrita della storia dell’arte. È stato anche possibile ipotizzarne una valenza concettuale (...)

Del texto Dino Valls - Barathrum”, para el catálogo de la exposición “Barathrum”,

Galleria Il Polittico, Roma, febrero 2004.

Alberto Abate

 

(...) La pintura de Valls asocia a una técnica refinadísima, una complejidad intelectual y cultural, que lleva y somete al espectador al vertiginoso encanto de la visión de un abismo. (...) Los actores que viven en la abismal pintura de Valls, son los cuerpos desnudos de muchachos y muchachas, hombres, mujeres y ancianos, sometidos a un inexplicable juego que les entrega, como víctimas prenatales, a una tiranía enigmática y desconocida. La intensidad dramática de estos cuerpos sacrificiales, anuncia y denuncia la tragedia del destino humano. (...) Valls representa no sólo esta carne corruptible, sino que también pinta la piel, la dermis, de forma prodigiosa, que es a la vez el envoltorio mistérico, luminoso y oscuro que entrega al hombre a la esencia del sacrificio de su propio destino.

(...) La pittura di Valls associa ad una tecnica raffinatissima una complessità intellettuale e culturale, che inducono e sottomettono lo spettatore al fascino vertiginoso della visione di un abisso. (...) Gli attori che vivono dentro l’abissalità della pittura di Valls sono i corpi nudi di fanciulli e fanciulle, uomini, donne e vecchi, sottoposti ad un gioco inesplicabile che li consegna, come vittime prenatali, ad una tirannia enigmatica e sconosciuta. L’intensità drammatica di questi corpi sacrificali, annuncia e denuncia la tragedia del destino umano. (...) Valls dipinge non solo questa carne corruttibile ma ne dipinge anche la pelle, il derma, in maniera prodigiosa, essa è insieme l’involucro misterico, luminoso e oscuro che consegna l’uomo all’essenza sacrificale del proprio destino.

Del artículo “Arte, il corpo choc della pittura di Valls”, en Avanti,

Roma, 28 enero 2004.

Antón Castro

 

(...) Y con nueva figuración queremos decir pintura inquietante y hermosa, rebosante de conceptualidad y de desasosiego. Demuestra su dominio del dibujo, la artesanía trascendida en el arte del óleo, el oficio de mirar. Dino Valls viaja, desde la claridad y la conciencia, hacia la oscuridad que nos habilita y nos conforma íntimamente. Desvela estados psíquicos, angustias, visiones dobles que irrumpen desde el fondo del espejo, y nos avisa de que bajo los ropajes de la belleza, tras la piel del deseo, se oculta la fragilidad y la turbiedad, mujeres de mirada herida, criaturas que combaten la insoportable melancolía del sueño. He aquí un pintor extraordinario e inadvertido, riguroso con los materiales y consigo mismo, que trasciende la realidad y nos sitúa en el borde del abismo, en el umbral mismo del dolor y del escalofrío.

Del texto “Arte, dolor y anatomía” para el díptico de la exposición

“Dino Valls: Retrospectiva 1990-2000”, Palacio de Sástago, Zaragoza, enero 2001.

Juan Bufill

 

(...) A primera vista, estas pinturas destacan por su excelente calidad técnica en la representación realista, lograda, como se hacía en el siglo XVII, mediante veladuras de óleo sobre una base luminosa de temple. Pero, sobre todo, llama la atención la atmósfera inquietante, morbosa y en ocasiones siniestra de unas pinturas protagonizadas por rostros y por cuerpos desnudos (...).

Más allá de esta primera impresión, la de Dino Valls resulta ser una obra coherente, moderna y no esteticista, no realista ni neoclásica en lo que se refiere a los contenidos, de carácter conceptual y simbolista.

Estas pinturas permiten precisamente una crítica del clasicismo. Los seres humanos que en estos cuadros aparecen desnudos y son objeto de frías exploraciones y mediciones recuerdan que la obsesión por el orden clásico y la belleza medida convierten al sujeto en objeto. Se aprecia en estas obras un cierto sadismo en la medición, una violencia de la mirada, del instrumento escrutador. Son cuadros que revelan una oscura relación entre la belleza clásica y el martirio (...)

Del artículo “Lo clásico y lo siniestro”, en La Vanguardia, Barcelona, 20 octubre 2000.

Mario Antolín Paz

 

(...) Excepcional dibujante y profundo conocedor del oficio pictórico, realiza una obra culta, de inconfundible personalidad, inquieta e inquietante, realista y mágica, perversa e inocente, poética y cruel, que le sitúa, sin duda, entre los más destacados artistas del momento, separándole radicalmente, de los cultivadores de un realismo fotográfico carente de imaginación y de potencia creadora. (...)

Del Diccionario de pintores y escultores españoles del s.XX, Madrid, 1999.

Alicia Guixá

 

El arte es el único medio que permite al hombre unir su pensamiento lógico y su pensamiento mágico, redimiéndole de la profunda dicotomía que existe entre ambos. La curiosidad nos incita a franquear el terreno de la lógica, haciendo que nuestra mirada se dirija hacia más allá de lo reconocible. Quizá sea éste el punto de inflexión del pensamiento que nos conduce a la irrealidad en la pintura de Dino Valls. Uno de los privilegios que se disfrutan en la dedicación al arte es aquel que se refiere a una forma especial de posesión. Aunque el deseo de aprehensión de una persona a otra nunca es realizable completamente, el recrear una imagen cuya posesión comienza y termina estrictamente en la propia recreación en sí, es una prerrogativa eminentemente artística, la cual, además de resultar mucho más satisfactoria, acompaña a otro aspecto de no menor importancia: el concepto de endopatía, según el cual para pintar una figura hay que convertirse en ella. Y al igual que todos los cuadros son autorretratos, en las paredes sólo se cuelgan espejos, lo que viene a extender la relación de participación e incidencia entre la obra de arte, el autor y el espectador. Por otra parte, la relación entre el que mira y lo que es mirado, al estar basada en el poder proyector que el inconsciente hace surgir en el que contempla, provoca la aparición de los arquetipos y termina estableciendo una comunicación activa entre la obra y el receptor. La mirada descubre la pintura y ésta nos revela aquello que nosotros sólo conocemos intuitivamente: lo irracional. Y es en nuestro intento de racionalizarlo cuando nace el conflicto, que proviene de nuestro inconsciente cultural colectivo, al que la indagación científica continúa intentando desenmascarar. Del mismo modo que el sueño se viste de realidad para hacerse identificable con lo consciente, la pintura de Dino Valls concibe su idea plástica partiendo de la irrealidad interior del artista. Ni el realismo como naturalismo, ni un somero enfoque personal del mundo real le conciernen. No es el exterior y su realidad objetiva lo que atrae, sino lo contrario. Se trata de una búsqueda en el interior de uno mismo, de adentrarse en donde se almacena lo subyacente a la experiencia cotidiana. El pintor revela en su obra esos conflictos profundos, y el espectador los reconoce como parte de su lucha interna, ya que pertenecen a la misma esencia humana.

Texto “Algunas notas sobre la pintura de Dino Valls” para el catálogo de la exposición en

Galería Heller, Madrid, diciembre 1993; y para artículo en Prestige Magazine –

Espiral de las Artes, no 44, Madrid, Diciembre 1999.

Gabriel Villalba

 

La realidad mística. La razón oculta: Las relaciones que este pintor establece, más allá de la estética, están emparentadas con la profunda contemplación de lo más espiritual, casi religioso, que puede llevar al éxtasis del conocimiento del más alto. Toda la obra de este artista gira en torno a la transformación de lo que antes llamábamos realidad en una iconología o catálogo de imágenes que adquieren su última trascendencia, no en su pura significación, sino en cuanto están al servicio o se complementan con la de otras figuras o cosas representadas. (...) Sobre todo, Dino Valls no es un realista. Su cabeza, sus manos trabajan con otra materia, con otros pigmentos y componentes que le llevan a la ficción, al propio mundo inventado que simula una realidad inexistente. (...) Hay angustia donde hay amor, hay erotismo donde se encuentra la muerte. Donde se desestima lo obvio existe la vida. Conoceréis un pintor donde haya pensamiento.

Del texto “Dino Valls: La realidad mística. La razón oculta”, para el catálogo de la exposición

“Four from Madrid”, Oglethorpe U. Museum, Atlanta, septiembre 1994.

Manuel Merchán

 

(...) La pintura de Dino Valls, dentro de una frialdad técnica y temática, está abierta, precisamente por ello, a todo tipo de conjeturas, porque quiere plasmar en ella todo aquello que no se puede expresar o aprehender con la razón. Y esa es su paradoja. Es la conjunción de lo consciente con lo inconsciente, de lo subjetivo con lo objetivo, de lo fácil con lo dificultoso, de lo circunstancial con lo eterno. Ahí entra la mirada del espectador que proyecta sobre el lienzo todos sus gozos e inquietudes, llegándose a una simbiosis tan perfecta que ya no se sabe quién es quién, qué es qué... (...)

Del artículo “La memoria histórica en Dino Valls” en Antiqvaria, núm 83, Madrid, abril 1991.

Javier Rubio Nomblot:

 

(...) Dino Valls es un gran pintor, su obra en sí es un homenaje al arte y a la espiritualidad que, en épocas más volcadas a hacia lo trascendente, le daba su razón de ser. (...) Los ojos de sus figuras son tremendos no sólo porque comunican una emoción -también lo hacen los ojos picassianos-, sino porque contienen la sangre, las lágrimas y porque, tras ellos, está todo el entramado de nervios, a su alrededor los huesos, porque cada cosa ha sido estudiada, comprendida, asimilada con meticulosidad leonardesca. (...)

Del artículo “El humanismo de Dino Valls” en El Punto de las Artes, Madrid, 19 abril 1991.